TOMBUCTÚ. Una vez más repito tu nombre, desde niña tantas veces imaginado y me sumerjo en tu sueño.
Sueño de bellas princesas envueltas en seda esperando que de entre la arena surja ese príncipe teñido de azul, ese Tuareg de ojo negros y manos fuertes.
Imagino esas grandes caravanas, cargadas de riquezas, que sin ser joyas son apreciadas por aquellos que confluyen de cualquier parte del Sáhara.
El paso del tiempo convirtió aquellos hombres poderosos en artesanos, nómadas de su destino, que siguen en aquel “lugar lejano”, imaginado, soñado, buscado por aquellos que persiguieron tu nombre.
Divago, cual fue tu pasado, quién fue aquel príncipe que enamoró aquella princesa.
