Navegando en un mar de arena, la soledad y el silencio invaden el espacio. Intento despojar mi mente y mi cuerpo de aquello que me impide sentir. Sentir, sin más. Dejo que el sol revitalice mi ser. En esa soledad aletean dos almas libres en busca, vete a saber de que refugio. Vuelan al centro, a ese ombligo primigenio en el que me encuentro.
